ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Dios lleno de misericordia”, Maia Losch Blank

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Dios lleno de misericordia

Dios está lleno de misericordia.
Si Dios no estuviera lleno de misericordia
habría misericordia en el mundo y no sólo en él.
Yo que corté flores en la montaña
y escudriñé la profundidad de los valles,
yo, que traje cadáveres desde las colinas,
puedo atestiguar que el mundo está vacío de misericordia.

Yo que fui rey de la sal junto al mar,
que estuve indeciso junto a mi ventana,
que enumeré los pasos de los ángeles,
que levanté pesas de dolor con el corazón
en competencias atroces.

Yo, que uso sólo una pequeña parte
de las palabras que hay en el diccionario.
Yo, que debo resolver enigmas contra mi voluntad
sé que si Dios no estuviera lleno de misericordia
habría misericordia en el mundo
y no sólo en él.

Yehuda Amichai (poeta israelí, 1924-2000)

Para nuestra patria

Para nuestra patria
Próxima a la palabra divina,
un techo de nubes.
Para nuestra patria,
lejana de las cualidades del nombre,
un mapa de la ausencia.
Para nuestra patria,
pequeña cual grano de sésamo,
un horizonte celeste… y un abismo oculto.
Para nuestra patria,
pobre cual ala de perdiz,
libros sagrados… y una herida de la identidad.
Para nuestra patria,
con colinas cercadas y desgarradas,
las emboscadas del nuevo pasado.
Para nuestra patria cautiva,
la libertad de morir consumida de amor.
piedra preciosa en su noche sangrienta,
Nuestra patria resplandece a lo lejos
pero nosotros en ella
nos ahogamos sin cesar.

Mahmoud Darwish (poeta palestino 1941-2008)

__________________________________________________

Durante 45 minutos estuve buscando este poema de Darwish en su idioma original. Hubiese querido traerlo también en árabe, y también el de Amichai en hebreo, pero no hallé el de Darwish o no supe comprenderlo y borré el de Amichai que ya tenía en la entrada. Si no traigo uno, tampoco traigo al otro, me dije. Sí, seguramente pasé por encima del poema en algún sitio y no lo comprendí. Es que ya no comprendemos ni a los que, se supone, hablan nuestro mismo idioma. Porque lo que está ocurriendo ni siquiera tiene nombre. Decir que es terrible es poco, sólo podemos acudir a los poemas, a las metáforas o alegorías; la única forma de expresar aquello que excede al verbo, a la palabra, es a través del acercamiento, de la sugerencia. El dolor es inaprensible y por tanto no puede ser nombrado, congelado, en una única palabra. Es allí donde entra el poema, es su sitio más apropiado. Pero yo no soy poeta y utilizo las palabras de otros, los que han sentido la angustia en carne propia y nos han regalado sus versos como asidero, aunque nos caigamos. Al menos nos caemos juntos. Nadie debe morir solo. Todo esto es terrible, diré, mis disculpas, pero es la única palabra que yo, en mis limitaciones, tengo al alcance. No solamente por el dolor actual sino porque esta demostración de poder por ambas partes no conduce a nada bueno. Y no me importa qué opine el lector de los motivos y razones que nos han llevado hasta aquí. Me tiene sin cuidado si está a favor o en contra. Antes me importaba. Me sulfuraba, me hacía daño. Un daño hondo. Ahora ya no: está demasiado lejos. Hoy quiero saber qué piensa, qué siente la gente de Ashdod, de Beer Sheva y de Gaza. Es una burla al buen juicio opinar sobre lo que no se conoce, aunque se esté seguro de saberlo todo.  No faltan héroes retóricos. Es más: abundan. En cuanto a mí, si al menos fuera capaz de odiar sería más fácil. Si una creyera que esta enfrenta traerá un acuerdo, sería más fácil. Si no pensara en el dolor ajeno, en los niños que corren, en las madres que lloran, en la sangre derramada, toda sangre, la nuestra y la de ellos (no incluyo terroristas, esos se pueden ir al infierno con todas sus vírgenes, no los echaré de menos) sería más fácil. Sería más fácil si no hubiese dejado de fumar y si no tuviera hijos, si no leyera las noticias, si no pudiera comprender la desesperación que nos empuja a hacer cosas que hubiésemos jurado no haríamos jamás, bajo ningún concepto. Pero cuando uno ve sufrimiento alrededor y la impotencia se transforma en un monstruo gris, un dragón que destruye todo lo que amas y lo que has visto construir a tus padres con un enorme sacrificio, imposible no pensar en el resultado fatal de estos enfrentamientos. No estoy a favor de la guerra. Tampoco estoy a favor de ver cómo tiran misiles una y otra vez sobre mi pueblo. Pero tampoco estoy a favor de la destrucción de aquellos que quieren destruirme. En síntesis, quien no cuenta con una teoría rígida, un dogma, sobre la que apoyar la cabeza por las noches, puede llegar a perderla. La cabeza y el alma, todo junto. Y los niños serán los primeros en perderse. Los niños y los animales que huyen despavoridos. Los que pueden. Los perros de la perrera a la que voy cada viernes y a la que hoy no iré, por cobarde, no pueden huir. Es que acá ya no cantan ni los pájaros. Hoy no he escuchado a ninguno y siempre los oigo por las mañanas. A veces incluso cierro la ventana para que no me distraigan si estoy escribiendo. Parece que se han ido. No los culpo. Quizá la próxima, sea yo.

Maia Losch Blank© escritora israelí http://maialoschblank.wordpress.com/

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“La Torre de Babel Ediciones”

“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

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