ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Antisemitismo y anarquismo en Francia”, Ricardo García López

 

Contra el antisemitismo de Proudhon y de Bakunin

Por Ricardo García López©

George Sand, Pierre-Henri Leroux, Louis-Auguste Blanqui, Charles Fourier y Pierre-Joseph Proudhon son algunos de los intelectuales que durante el siglo XIX no dudaron en manifestar su antisemitismo, llegando a afirmar que los judíos eran la viva encarnación del capitalismo, del dinero, de la mezquindad y, por supuesto, del mal.

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El antisemitismo ha podido traspasar toda frontera política, de ahí que corrientes que por naturaleza son antagónicas y hostiles entre sí puedan compartir las mismas invectivas antisemitas, como el neofascismo y el salafismo fundamentalista. También es posible escuchar a algunas corrientes de extrema izquierda, como el bolivarianismo venezolano (banalización del pensamiento de Simón Bolívar), utilizar un discurso abiertamente antisemita —lo cual tampoco debería desconcertarnos, después de todo, cuando se trata de extremismos las ideologías terminan tocándose.

En Francia el antisemitismo es un tema que ha estado presente al menos desde el siglo XVIII, aunque fue el affaire Dreyfus el acontecimiento que más ha conmocionado a la sociedad francesa y el cual la mantuvo sumergida desde 15 de octubre de 1894 ―fecha en que arrestaron al capitán Alfred Dreyfus, acusado de alta traición― hasta al 13 de julio de 1906 ―día en que Dreyfus, inocente, fue rehabilitado y reintegrado a la armada― en una fuerte crisis política y social y cuyas consecuencias no se restringieron únicamente a esa época. En esa coyuntura tuvieron un fuerte protagonismo prácticamente todas las corrientes de izquierda, desde el marxismo hasta el anarquismo pasando por el comunismo y el sindicalismo, como lo muestra el historiador francés Michel Dreyfus en su libroL’antisémitisme à gauche. Histoire d’un paradoxe, de 1830 à nos jours, publicado en 2009 por la editorial La Découverte.

La escritora George Sand, el editor y filósofo Pierre-Henri Leroux, el revolucionario Louis-Auguste Blanqui, el socialista utópico Charles Fourier y el anarquista Pierre-Joseph Proudhon son algunos de los intelectuales que, como documenta Michel Dreyfus, durante el siglo XIX no dudaron en manifestar su antisemitismo, llegando a afirmar que los judíos eran la viva encarnación del capitalismo, del dinero, de la mezquindad y, por supuesto, del mal.

Es muy poco sabido y todavía menos difundido el papel que como instigador antisemita tuvo el filósofo Pierre-Joseph Proudhon, y la intensidad con que contribuyó con su pensamiento a atizar lo que ya para la segunda mitad del siglo XIX se había convertido en una enorme hoguera antijudía en Francia. Llegó a fascinar e influir, según Dreyfus, “a varios intelectuales nazis, a la prensa colaboracionista de los años 1940-1944 y a algunos intelectuales de extrema derecha”, como Charles Maurras ―uno de los impulsores del llamado Círculo de Proudhon, grupo surgido en 1911 y que reunía tanto a nacionalistas como a sindicalistas de extrema derecha― y Édouard Drumont ―autor en 1886 del muy polémico panfleto La France juive (La Francia judía), creador en 1889 de la Liga Nacional Antisemita y fundador en 1892 del periódico La Libre Parole (en cuyo subtítulo podía leerse ¡Francia para los franceses!). Drumont fue personaje al que, por cierto, Emmanuel Bourdieu (hijo del sociólogo Pierre Bourdieu) llevó a la televisión francesa a principios de este año con la película Drumont, histoire d’un antisémite français.

En relación con la fuerte influencia que Proudhon llegó a tener tanto en círculos anarquistas como fascistas, el historiador Henri Arvon señala, de manera quizá un tanto incisiva, que “como Hegel, Proudhon hizo nacer dos escuelas: una de derecha y otra de izquierda. Habiendo también tanto ateos como cristianos, fascistas como sindicalistas, los cuales cuando no con interés, sino con amor se inclinaron hacia este aparente Proteo que fue Proudhon” (L’Anarchisme, París: PUF, 1974).

Proudhon antisemita

Pierre-Joseph Proudhon es considerado “el padre del anarquismo, del ‘socialismo científico’, de la economía política socialista, de la sociología moderna, del mutualismo, del sindicalismo revolucionario, del federalismo y en cierta forma hasta de la autogestión” (Daniel Guérin, Ni Dieu ni maître. Anthologie de l’anarchisme, París: La Découvert, 1999). Pero también este filósofo francés, uno de los primeros en anunciar y denunciar los posibles peligros que traería consigo un socialismo estatal autoritario y dogmático, fue el primero en utilizar, de manera no muy distinta a como lo hizo Joseph Arthur de Gobineau, argumentos raciales para atacar a los judíos, llegándolos a calificar como “una raza insociable, obstinada e infernal”. En sus Diarios II del 26 de diciembre de 1847 Proudhon escribió:

Judíos. Escribir un artículo en contra de esta raza que lo envenena todo, que está en todas partes sin llegar a fundirse jamás con ningún pueblo. Pedir su expulsión de Francia, a excepción de aquellos que estén casados con francesas; hay que abolir las sinagogas, que no se les admita en ningún empleo y que se erradique por siempre su culto. No es por nada que los cristianos los llamen deicidas. El judío es el enemigo del género humano. Hay que enviar esta raza a Asia, donde la puedan exterminar a metal o a fuego, o que los expulsen pero que el judío desaparezca… Esto que los pueblos de la Edad Media odiaban por instinto yo odio con reflexión y de manera irrevocable. El odio al judío como al inglés debe ser nuestro primer artículo de fe política [Pierre Haubtmann, Carnets de P.-J. Proudhon, París: M. Rivière 1960].

Para Pierre Haubtmann estas líneas que escribió el autor de ¿Qué es la propiedad? se explican en gran medida por la rivalidad que éste tuvo con Marx. Dos años después de que se encontraran por primera vez en París, en 1844, habiendo quedado en buenos términos, Proudhon publica Filosofía de la miseria, obra a la que Marx responderá mordazmente con la edición de Miseria de la filosofía, donde éste le reprocha a Proudhon su supuesta ignorancia en materia de teoría económica. Posteriormente, la polémica se volverá más enconada cuando algunos antisemitas alemanes cercanos al francés comienzan a hostilizar a Marx. Finalmente, el texto que Proudhon escribiera para responderle a Marx no podrá ser publicado debido a que el periódico donde aparecería,Le Peuple, ya no saldría a causa de la revolución de 1848 [Pierre-Joseph Proudhon. Sa vie et sa pensée, París: Beauchesne, 1982].

Por otra parte, habría que considerar los fuertes prejuicios que sobre los judíos ya se venían construyendo en Francia y que en el siglo XIX vendrían a cobrar nuevas dimensiones, las cuales terminaron por influir en varios socialistas. Escribe Dreyfus:

Durante los años 1830-1860, la prehistoria del antisemitismo moderno reposaba principalmente sobre la denuncia del rol económico que se les atribuía a los judíos, el cual era completamente desproporcionado. Como seguirá siendo a lo largo de gran parte de la historia, principalmente durante los dos periodos de crisis económica y política, en 1880-1890 y durante la década de 1930, donde esa “argumentación” será nuevamente utilizada. Pero esta historia viene ya desde la Edad Media y está basada en la creencia de un “antisemitismo demonológico”, de origen cristiano según el cual el judaísmo es una organización conspirativa que está al servicio del mal, y el cual viene tramando sin tregua la ruina del género humano. Desde hace siglos los judíos fueron considerados por los cristianos seres crueles, implacables y omnipotentes. Imagen que subsistió de manera difusa en la Francia profundamente católica del siglo XIX. La mayor parte de los socialistas utópicos serán impregnados por esta educación; de ahí que su rechazo hacia el capitalismo naciente se inserte sobre esta visión del mundo. Por lo tanto, el capitalismo será siempre asociado tanto al mal como a los judíos.

Así, las lecturas teológicas que tuvo en su juventud Proudhon, como el contexto histórico en que se desenvolvió o la rivalidad que tuvo con Marx, pueden explicar en parte el avieso comportamiento que el filósofo tuvo hacia los judíos, lo que no lo justifica ni lo hace menos repudiable, como tampoco menos repudiable es la exacerbada misoginia que Proudhon nunca dudó en exteriorizar y contra la cual en su momento se levantaron voces como la de los anarquistas Joseph Déjacque y André Léo.

Los anarquistas y el affaire Dreyfus

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Al mismo tiempo en que el affaire Dreyfus comenzaba a adquirir dimensiones considerables, los anarquistas se enfrentaban a las medidas represivas conocidas comolois scélérates, que habían sido votadas en el congreso francés y adoptadas el 12 de diciembre de 1893 en respuesta a una ola de fuertes “acciones directas” que habían perpetrado anarquistas como Auguste Vaillan (que el 9 de diciembre de 1893 lanzó una bomba a la tribuna de la cámara de diputados) y Sante Geronimo Caserio (que el 24 de junio de 1894 hirió de muerte al entonces presidente de la república, Sadi Carnot).

En consecuencia, varios anarquistas, como Jean Grave (condenado a dos años de prisión por haber escrito La société mourante et l’anarchie), fueron encarcelados mientras que otros, como Émile Pouget, tuvieron que exiliarse. Asimismo, publicaciones anarquistas como La Revue Libertaire y La Révolte dejaron de imprimirse, mientras queLe Père peinard es la única que continuó publicándose en Londres gracias a la persistencia de Pouget. Sin embargo, después de la amnistía votada en 1895, con la llegada a la presidencia de Félix Faure, las publicaciones anarquistas comenzaron a reaparecer, entre ellas Les Temps nouveaux, de Jean Grave y que sustituyó a La Révolte, y La Sociale, que sucederá a Le Père peinard.

Es hasta entonces cuando algunos anarquistas comenzaron a desempeñar un papel importante frente al antisemitismo, llegándose a asumir como dreyfusistas y confrontando abiertamente a grupos de derecha, como sucedió el 18 de enero de 1898 ―cuatro días después de que el periódico L’Aurore publicara Yo acuso, el famoso texto en el que Émile Zola hizo una elocuente y denodada defensa del capitán Dreyfus― cuando un grupo de anarquistas consiguió dispersar a una masiva manifestación antisemita en París. Aunque no faltó algún sector del anarquismo que continuaría reacio a sumarse a estas acciones de apoyo a Dreyfus o a organizarse para luchar en contra del antisemitismo.

Entre los anarquistas que se declararon dreyfusistas, y que incluso llegaron a ser señalados como “anarquistas del gobierno”, se encontraban Bernard Lazare y Charles Malato, y los anarquistas individualistas Pierre Quillard y Henri Dagan, colaboradores de la revista La Revue blanche y conocidos por su solidaridad con los proletariados judíos. En cuanto a Sébastien Faure, quien no dudará en señalar al antisemitismo como una “doctrina miserable”, escribió un texto, publicado en cuatro partes durante el mes de febrero de 1898 en Le Libertaire titulado “Les anarchistes et l’affaire Dreyfus”. En éste se hizo evidente el lamentable distanciamiento que tanto Jean Grave como Émile Pouget comenzaron a tener con respecto al proceso de Dreyfus, mientras que el propio Faure, más consecuente y comprometido, se irá involucrando cada vez más, incluso llegado a reconocer que, como anarquistas, habían cometido un gran error al no haberse comprometido y luchado mucho antes y ni con el suficiente vigor en contra del antisemitismo.

Anarquismo y judaísmo

A finales del siglo XIX y principios del XX apareció una corriente anarquista con base en un judaísmo secular, la cual estuvo muy presente en Europa del Este, en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos. Fue corriente a la que fue muy cercana el anarquista alemán Rudolf Rocker, primero asistiendo a varias conferencias durante su estancia en París, después adhiriéndose en Londres al grupo judío-anarquista Arbeter Fraint (El amigo del trabajador) y después en Nueva York editando en yiddish el periódico anarquista Freie Arbeiter Stimme (La voz del trabajador libre).

El antisemitismo ha podido traspasar toda frontera política, de ahí que corrientes que por naturaleza son antagónicas y hostiles entre sí puedan compartir las mismas invectivas antisemitas, como el neofascismo y el salafismo fundamentalista.

En la actualidad esta confluencia entre anarquismo y judaísmo, a la cual Amedeo Bertolo llama “extraño y mágico encuentro”, ha sido abordada por autores como Michael Löwy (“Messianisme et utopie dans la pensée juive europeenne entre les deux guerres”, “Le cas Kafka. Anarchie et judaïsme en Europe centrale” o el libro Rédemption et utopie, le judaïsme libertaire en Europe centrale, une étude d’affinité élective editado en París por Sandre, 2009), Furio Biagini (“Utopie sociale et spiritualité juive” o el libro Nati altrove. Il movimento anarchico ebraico tra Mosca e New York editado por BFS Edizioni en Pisa, 1998), Daniel Grinberg (“Le radicalisme juif en Pologne”) o Birgit Seeman (“Féminisme anarchiste et judaïsme”), lo cual es apenas una muestra que revela el venero que existe en torno a esta díada.

“Como libertarios, debemos condenar el antisemitismo de Proudhon y de Bakunin”

Emma Goldman y Pierre-Joseph Proudhon jamás se conocieron, pero si la historia hubiera sido distinta seguramente la anarquista lituana, que apoyó decididamente al magonismo e influyó al propio Ricardo cuando éste se encontraba en San Luis Missouri en 1905, se hubiera convertido en un fuerte blanco de ataque para el teórico francés, pero no sólo porque Goldman era judía, sino también porque se trataba de una feminista e incansable luchadora de los derechos de la mujer.

A finales del siglo XIX y principios del XX apareció una corriente anarquista con base en un judaísmo secular, la cual estuvo muy presente en Europa del Este, en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos.

Michel Onfray, a manera de presentación delDictionnaire Proudhon publicado en abril de 2011 por la editorial Aden, escribió un artículo para la revista Le Point al cual, con ese protagonismo que le es muy particular, tituló“Onfray, el momento de Proudhon”. Casi al final de ese texto el filósofo del hedonismo ético hace referencia a la misoginia y el antisemitismo que caracterizaba al filósofo nacido en Besançon, pero en un tono más bien tibio y en el que se percibe cierta condescendencia. En cambio, dentro de la serie de conferencias “Le post-anarchisme expliqué à ma grand-mère” (celebradas en la Universidad Popular de Caen entre noviembre de 2009 y mayo de 2010), el autor deTraité d’athéologie no vaciló en acusar a William Godwin de haber manejado “una lógica protestante extremadamente austera […] en el que hacía elogio de la mentira”, subrayando incluso que el utilitarismo de Godwin “le daba la impresión de no ser tan anarquista como lo quieren hacer parecer”. Igualmente, en las mismas conferencias, el también autor de L’ordre libertaire. La vie philosophique d’Albert Camus, acusando a Le monde libertaire y a la Radio Libertaire de ser dogmáticos y seguir un catecismo anarquista, sugiere que “hay que ir más allá de los dogmas libertarios”; sin embargo, desoyendo sus propias palabras, él no va muy lejos cuando se ha tratado de hacer una profunda crítica sobre el pensamiento de Proudhon.

Si se es libertario, pero sobre todo congruente, no se puede estar más que de acuerdo con Rudolf de Jong cuando, en su texto Le débat anarchiste sur l’antisémitisme”, de forma categórica ha dicho: “Como libertarios, debemos condenar el antisemitismo de Proudhon y de Bakunin”. Pero también como libertario se debe ser intolerante con el antisemitismo que muchas veces hoy de manera estúpida e irresponsable se promueve y se encubre bajo la causa palestina.®

Fuente: http://revistareplicante.com/antisemitismo-y-anarquismo-en-francia/

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Esta entrada fue publicada en 14 julio, 2014 por .

“La Torre de Babel Ediciones”

“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

Goodreads

“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

“Juglarías” …un poeta en Israel…

Juglarías, la poesía de los hombres y mujeres que abrazan el devenir vital con intensidad estableciendo ese vínculo maravilloso entre vida y literatura. Y pese a la presión del docto en la torre de su castillo, las juglarías se convierten enclerecias, y los hombres y mujeres que las escriben en sabios de sangre instruída con una analítica sanguínea desbordante de historias y experiencias. El texto Juglarías, un poeta en Israel, está escrito entre duelos y quebrantos, entre alegrías y entusiasmos y con una prosa poética natural y profunda. La lírica de Juan Zapato, su autor, es realista, a veces agnóstica en cuanto a lo ulterior; otras de poso infantil ante lo pretérito, en otros casos, como en sus relatos, de tono antropológico pero sin la ausencia de una mirada poética. Todo un testimonio vital fundamentado en el tiempo y el espacio de los años que han pasado desde el inicio de la vida del autor en Argentina a la madurez en Israel tras su aliá. Vida y literatura, elementos inseparables. Textos que nacen del devenir diario y que Juan Zapato ofrece al lector para humanizarse y humanizarnos. Esperanza, a veces casi agotada, la que el autor nos desvela ante el conflicto de su tierra, y saltos a la metáfora vital y a la ataraxia, para descansar de tanto nudo gordiano. Juglarías, un poeta en Israel es vida, un cuaderno de viaje al fin de al cabo. Es una muestra de cómo Juan Zapato hace literatura de su experiencia escogiendo segmentos de aquel momento y aquel lugar que, por un pequeño capricho del cosmos, destacaron sobre otros para ser contados en prosa o poesía. Jesús Sordo Medina (Revista Homo Homini Sacra Res)

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