ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Mitos y realidades”, Mitchell Geoffrey Brad

«Nadie le presta a Israel ningún servicio por proclamar su “derecho a existir”. El derecho de Israel a existir, al igual que el de los Estados Unidos, Arabia Saudita y otros 152 estados, es axiomático e incondicional. La legitimidad de Israel no está suspendida en el aire a la espera de un reconocimiento… No hay ciertamente ningún otro Estado, grande o pequeño, joven o viejo, que consideraría el mero reconocimiento de su “derecho a existir” un favor, o una concesión negociable».
—Abba Eban2

MITO

«Palestina siempre fue un país árabe».

REALIDAD

El término «Palestina» se cree que se deriva de los filisteos (o pilistinos), un pueblo del Egeo que, en el siglo XII A.E.C.*, se estableció a lo largo de la planicie costera mediterránea de lo que ahora es Israel y la Franja de Gaza. En el siglo II de la E.C., luego de aplastar la última revuelta judía, los romanos le aplicaron por primera vez el nombre de Palestina a Judea (la porción sur de lo que ahora se llama Cisjordania), en un intento de disminuir la identificación judía con la tierra de Israel. La palabra árabe «filastin» se deriva de este nombre latino.3
Los hebreos entraron en la tierra de Israel alrededor del 1300 A.E.C., y vivieron bajo una confederación tribal hasta que se unieron bajo el primer monarca, el rey Saúl. El segundo rey, David, estableció Jerusalén como capital alrededor del año 1000 A.E.C., y el hijo de David, Salomón, construyó el templo poco después y consolidó las funciones militares, administrativas y religiosas del reino. La nación se dividió durante el reinado del hijo de Salomón, en el reino del norte (Israel), que duró hasta el 722 A.E.C., cuando los asirios lo destruyeron, y el reino del sur (Judá), que sobrevivió hasta la conquista babilónica en el 586 A.E.C. El pueblo judío disfrutó posteriormente de breves períodos de soberanía, antes de que la mayoría de los judíos fueran finalmente expulsados de su patria en el 135 E.C.
La independencia judía en la tierra de Israel duró más de 400 años. Éste es un período mucho mayor del que los norteamericanos han disfrutado de independencia en lo que se conoce como Estados Unidos.4 En efecto, si no hubiera sido por los conquistadores extranjeros, Israel tendría 3.000 años de existencia hoy día.
Palestina nunca fue un país exclusivamente árabe, aunque el árabe se fue convirtiendo gradualmente en el idioma de la mayor parte de la población, luego de las invasiones musulmanas del siglo VII. Ningún estado árabe o palestino independiente existió jamás en Palestina. Cuando el distinguido historiador arabenorteamericano, el profesor de la Universidad de Princeton Philip Hitti, testificó contra la partición ante el Comité Anglo-Americano en 1946, dijo: «no hay tal cosa como “Palestina” en la historia, absolutamente no».5 Antes de la partición, los árabes palestinos no se veían a sí mismos como poseedores de una identidad separada. Cuando el Primer Congreso de Asociaciones Musulmano-Cristianas se reunió en Jerusalén en 1919 para elegir representantes de Palestina a la Conferencia de Paz de París, se adoptó la siguiente
resolución:
Consideramos Palestina como parte de la Siria árabe, ya que nunca se ha separado de ella en ninguna época. Estamos conectados con ella por vínculos nacionales, religiosos, lingüísticos, naturales, económicos y geográficos.6
En 1937, un líder árabe local, Auni Bey Abdul-Hadi, le dijo a la Comisión Peel, la que finalmente recomendó la partición de Palestina: «¡no existe tal país [como Palestina]! ¡“Palestina” es un término que inventaron los sionistas!
No hay ninguna Palestina en la Biblia. Nuestro país fue durante siglos parte de Siria».7
El representante del Supremo Comité Árabe ante las Naciones Unidas presentó una declaración a la Asamblea General en mayo de 1947 que decía que «Palestina era parte de la Provincia de Siria» y que «políticamente, los árabes de Palestina nunca fueron independientes en el sentido de formar una entidad política separada». Pocos años después, Ahmed el-Shuqeiri, más tarde presidente de la OLP, dijo en el Consejo de Seguridad: «es de general conocimiento que Palestina no es nada más que el sur de Siria».8
El nacionalismo árabe palestino es en gran medida un fenómeno posterior a la primera guerra mundial que no se convirtió en un movimiento político importante hasta después de la Guerra de los Seis Días en 1967 y de que Israel tomara Cisjordania.

Mitchell G. Brad©

Notas:

*Usamos A.E.C. (antes de la Era Común,) y C.E. (Era Común, o actual) porque son términos más neutrales para los períodos clasificados tradicionalmente como A.C. (antes de Cristo) y D.C. (después de Cristo).

1 Dan Bahat ed. Twenty Centuries of Jewish Life in the Holy Land, (Jerusalem: The Israel Economist, 1976), pp. 61-63.
2 New York Times, (18 de noviembre de 1981).
3 Yehoshua Porath, The Emergence of Palestinian-Arab National Movement, 1918-1929, (Londres: Frank Cass, 1974), p.4.
4 Max Dimont, Jews, God and History, (NY: Signet, 1962), pp. 49-53.
5 Moshe Kohn, “The Arabs’ “Lie” of the Land” Jerusalem Post, (18 de octubre de 1991).
6 Yehoshua Porath Palestinian Arab National Movement: From Riots to Rebellion: 1929-1939, vol. 2 (Londres: Frank Cass and Co., Ltd., 1977), pp.81-82.
7 Moshe Kohn, “The Arabs’ “Lie” of the Land” Jerusalem Post, (18 de octubre de 1991).
8 Avner Yaniv, PLO, (Jerusalén: Grupos de estudio de universidades de Israel sobre asuntos del Oriente Medio, agosto de 1974), p. 5.

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Continuará

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“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

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