ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Mitos y realidades”, Mitchell Geoffrey Brad

MITO

«Los palestinos son descendientes de los cananeos y estaban en Palestina desde mucho antes que los judíos».

REALIDAD

La pretensión de los palestinos de estar emparentados con los cananeos es un fenómeno reciente y contrario a la evidencia histórica. Los cananeos desaparecieron de la faz de la tierra hace tres milenios, y nadie sabe si algunos de sus descendientes sobrevivieron o, de hacerlo, quiénes serían.
El jerife Hussein, custodio de los lugares santos islámicos de Arabia, dijo que los antecesores de los palestinos sólo habían estado en la zona durante 1.000 años.9 Incluso los palestinos mismos han reconocido que su asociación con la región se produjo mucho después que la de los judíos. Por ejemplo, en un testimonio ante el Comité Anglo-americano en 1946, reclamaron un vínculo con Palestina de más de 1.000 años, remontándose no más atrás que a la conquista de los seguidores de Mahoma en el siglo VII10. Y esa pretensión es también dudosa. Durante los últimos 2.000 años, ha habido invasiones masivas que mataron a la mayoría de los pobladores locales (por ej. las Cruzadas), migraciones, la peste y otros desastres humanos o naturales.
La población local fue reemplazada muchas veces en su totalidad. Sólo durante el mandato británico, más de 100.000 árabes emigraron de países vecinos y hoy se les considera palestinos.
Por contraste, ningún historiador serio cuestiona más de 3.000 años de conexión judía con la tierra de Israel, o la relación del actual pueblo judío con los antiguos hebreos.

separador

MITO

«La Declaración de Balfour no les dio a los judíos derecho a un hogar en Palestina».

REALIDAD

En 1917, Gran Bretaña promulgó la Declaración de Balfour:
El gobierno de Su Majestad mira con buenos ojos el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y prestará sus mejores empeños para facilitar el logro de este objetivo, sobrentendiéndose claramente que nada debe hacerse que pueda menoscabar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estado político disfrutado por los judíos en cualquier otro país.
El Mandato para Palestina incluía la Declaración de Balfour que, específicamente, se refería a «las conexiones históricas del pueblo judío con Palestina» y a la validez moral de «reconstituir su hogar nacional en ese país». El término «reconstituir» muestra un reconocimiento del hecho de que Palestina había sido el hogar de los judíos. Además, los británicos fueron instruidos a «prestar sus mejores empeños para facilitar» la inmigración judía, alentar el asentamiento en la tierra y «garantizar» el hogar nacional judío. La palabra «árabe» no aparece en el instrumento que confiere el Mandato.11
El Mandato fue formalizado por los 52 gobiernos de la Liga de las Naciones el 24 de julio de 1922.

Mitchell G. Bard© Traducción al español: Vicente Echerri ISBN 0-971-2945-4-2

Notas:

9 Al-Quibla, (23 de marzo de 1918) mencionado en Battleground-Fact and fantasy in Palestine,
de Samuel Katz (NY: Bantam Books, 1977), p. 128.
10 Gobierno Británico, Informe del Comité anglo-americano de investigaciones, 1946 parte VI,
(20 de abril de 1946).
11 Howard Sachar, A History of Israel: From the Rise of Zionism to Our Time, (NY: Alfred A. Knopf,
1979), p. 129.

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Continuará

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“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

“Juglarías” …un poeta en Israel…

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