ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Mitos y realidades” (VIII), Mitchell G. Bard

MITO

«Los sionistas fueron instrumentos colonialistas del imperialismo occidental».

REALIDAD

«El colonialismo significa vivir de la explotación de otros», escribió Yehoshofat Harkabi. «Pero ¿qué podría estar más lejos del colonialismo que el idealismo de los judíos urbanos, que luchan por convertirse en granjeros y labriegos por su propio esfuerzo?22
Además, como el historiador británico Paul Johnson apuntaba, los sionistas difícilmente podrían ser instrumentos de los imperialistas, dada la oposición general de las potencias a su causa. «En todas partes en Occidente, los ministerios de asuntos exteriores y de defensa, y las grandes empresas, estaban en contra de los sionistas».23
El emir Faisal también vio el movimiento sionista como un compañero del movimiento nacionalista árabe, luchando contra el imperialismo, como él lo explicaba en una carta al profesor de derecho de Harvard y futuro magistrado del Tribunal Supremo Félix Frankfurter, el 3 de marzo de 1919, un día después de que Chaim Weizmann presentara el caso sionista ante la conferencia de París. Decía Faisal:
Los árabes, especialmente los que entre nosotros son instruidos, miran con la más profunda simpatía al movimiento sionista…Les deseamos a los judíos una cordial bienvenida a casa… Trabajamos juntos por un Cercano Oriente reformado y revisado y nuestros dos movimientos se completan mutuamente. El movimiento judío es nacionalista y no imperialista. Y hay lugar en Siria para nosotros dos. Ciertamente, creo que ninguno puede alcanzar un verdadero éxito sin el otro (énfasis añadido).24
En los años cuarenta, los movimientos clandestinos judíos libraron una guerra anticolonial contra los británicos. Los árabes, entre tanto, estaban fundamentalmente interesados en combatir a los judíos más que en expulsar a los imperialistas británicos.

«Nuestros pobladores no vienen aquí como los colonos de Occidente para que los nativos trabajen para ellos; ellos mismos empujan el arado e invierten sus energías y su sangre en hacer fructificar la tierra. Pero no es sólo para nosotros mismos que deseamos su fertilidad. Los granjeros judíos han comenzado a enseñar a sus hermanos, los granjeros árabes, a cultivar la tierra más intensamente; deseamos enseñarles aún más: junto con ellos queremos cultivar la tierra: “servirla”, como se dice en hebreo.
Cuanto más fértil se vuelva este suelo, tanto más espacio habrá para nosotros y para ellos. No tenemos ningún deseo de despojarlos: queremos vivir con ellos. No queremos dominarlos: queremos servir con ellos…»
—Martin Buber25

MITO

«Los británicos, en la correspondencia de Hussein y MacMahon, les prometieron a los árabes la independencia en Palestina».

REALIDAD

La figura central del movimiento nacionalista árabe en el momento de la primera guerra mundial fue Hussein imb ‘Alí, nombrado por el Comité Turco de Unión y Progreso como el jerife de la Meca, en 1908. Como jerife, Hussein era responsable de custodiar los santuarios del Islam en la Jeyaz y, en consecuencia, era reconocido como uno de los líderes espirituales de los musulmanes.
En julio de 1915, Hussein envió una carta a Sir Henry MacMahon, el Alto Comisionado para Egipto, informándole de las condiciones en que los árabes participarían en la guerra contra los turcos.
Las cartas entre Hussein y MacMahon que siguieron bosquejaban las áreas que Gran Bretaña se preparaba a ceder a los árabes. Es muy notable que en la correspondencia Hussein-MacMahon no se mencione a Palestina.
Los británicos arguyeron que la omisión había sido intencional, justificando por tanto su renuencia a concederles a los árabes la independencia en Palestina después de la guerra.26 MacMahon explicó:
Siento que es mi deber declarar, y lo hago de manera definitiva y enfática, que no tuve intención de comprometerme con el rey Hussein a incluir a Palestina en el área en la cual se le prometía la independencia a los árabes. También tuve todas las razones para creer en ese momento que el hecho de que Palestina no se incluyera en mi promesa fue bien entendido por el rey Hussein.27
Sin embargo, los árabes sostuvieron entonces, como ahora, que las cartas constituían una promesa de independencia para los árabes.

Nota:

22 Yehoshofat Harkabi, Palestinians and Israel, (Jerusalem: Keter, 1974), p.6.
23 Paul Johnson, Modern Times: The World from the Twenties to the Nineties, (NY: Harper & Row, 1983), p. 485.
24 Samuel Katz, Battleground-Fact and fantasy in Palestine (NY: Bantam Books, 1977), p. 55.
25 Tomado de una carta abierta de Martin Buber a Mahatma Gandhi en 1939, mencionada en The Zionist Idea de Arthur Hertzberg, (PA: Jewish Publications Society, 1997), p. 464.
26 George Kirk, A Short History of The Middle East, (NY: Frederick Praeger Publishers, 1964), p. 314.
27 London Times, (23 de julio de 1937).

Ir a la primera nota: https://israelatina.com/2014/07/13/mitos-y-realidades-mitchell-geoffrey-brad/

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“La Torre de Babel Ediciones”

“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

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