ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Mitos y realidades” 2do. capítulo: El período del mandato británico, Mitchell G. Bard

MITO

 

«Los británicos ayudaron a los judíos a desplazar de Palestina a la población árabe nativa».

REALIDAD

 

Herbert Samuel, un judío británico que prestó servicios como el primer Alto Comisionado de Palestina, le puso restricciones a la inmigración judía «en favor de “los intereses de la presente población” y de la “capacidad de absorción” del país».1 La afluencia de colonos judíos se dijo que forzaba a los felás árabes (campesinos nativos) a salir de su tierra. Ésta era una época cuando menos de un millón de personas vivía en un área que ahora sostiene a más de 10 millones.
Los británicos realmente limitaron la capacidad de absorción de Palestina al dividir el país.
En 1921, el Ministro de Colonias Winston Churchill cercenó casi cuatro-quintos de Palestina —unas 35.000 millas cuadradas— para crear una entidad árabe de nuevo cuño, Transjordania. Esto se hacía como un premio de consuelo, porque el Jeyaz y Arabia (que ambos territorio forman parte ahora de Arabia Saudita) pasaban a la familia de Saud, Churchill recompensó a Abdula, hijo del jerife Hussein, por su contribución a la guerra contra Turquía, instalándolo como emir de Transjordania.
Los británicos fueron más lejos y pusieron restricciones a las compras de tierra por judíos en lo que quedaba de Palestina, contradiciendo la estipulación del Mandato (Artículo 6) que dice que «la Administración de Palestina… alentará, en cooperación con la Agencia Judía… el asentamiento contiguo de judíos en la tierra, incluidas las tierras del estado y las tierras baldías no adquiridas para fines públicos». Para 1949, los británicos habían otorgado 87.500 acres (47 por ciento) de los 187.500 acres de tierras cultivables, a los árabes y sólo 4.250 acres (2 por ciento) a los judíos.2
Finalmente, los británicos reconocieron que el argumento acerca de la capacidad de absorción del país era falaz. La Comisión Peel declaró: «la abundante inmigración de los años 1933-36 parecería mostrar que los judíos han sido capaces de aumentar la capacidad de absorción del país para los judíos.3

División hecha por Gran bretaña del Mandato 1921-1923

División hecha por Gran Bretaña del Mandato 1921-1923

Mitchell G. Bard© Traducción al español: Vicente Echerri ISBN 0-971-2945-4-2

Notas:

1 Aharon Cohen, Israel and the Arab World, (NY: Funk and Wagnalls, 1970), p. 172; Howard Sachar, A History of Israel: From the Rise of Zionism to Our Time, (NY: Alfred A. Knopf, 1979), p. 146.
2 Moshe Aumann, Land Ownership in Palestine, 1880-1948, en Michael Curtis, et al., The Palestinians, (NJ: Transaction Books, 1975), p.25.
3 Palestine Royal Comission Report (the Peel Report) , (Londres: 1937), p. 300. [Henceforth Palestine Royal Comission Report].

Ir a la primera nota: https://israelatina.com/2014/07/13/mitos-y-realidades-mitchell-geoffrey-brad/

Continuará

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“La Torre de Babel Ediciones”

“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

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