ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Mitos y realidades” 2do. capítulo: El período del mandato británico (III), Mitchell G. Bard

MITO

«Los británicos cambiaron su política después de la segunda guerra mundial para permitirles a los sobrevivientes del Holocausto establecerse en Palestina».

REALIDAD

Las puertas de Palestina permanecieron cerradas por todo el tiempo que duró la guerra, abandonando a cientos de miles de judíos en Europa, muchos de los cuales terminaron siendo víctimas de la «Solución Final» de Hitler.

Después de la guerra, los británicos rehusaron permitirles a los sobrevivientes de la pesadilla nazi encontrar un santuario en Palestina. El 6 de junio de 1946, el presidente Truman instó al gobierno británico a aliviar el sufrimiento de los judíos confinados a campamentos de personas desplazadas en Europa mediante la aceptación inmediata de 100.00 inmigrantes judíos. El ministro de asuntos exteriores británico, Ernest Bevin, replicó sarcásticamente que los Estados Unidos querían que los judíos desplazados emigraran a Palestina «porque no quería demasiados de ellos en Nueva York».11

Algunos judíos pudieron llegar a Palestina, muchos por medio de barcos desmantelados que miembros de las organizaciones de la resistencia judía utilizaron para introducirlos de contrabando. Entre agosto de 1945 y el establecimiento del estado de Israel en mayo de 1948, 65 barcos de inmigrantes ilegales, llevando 69.878 personas, llegaron [a Palestina] provenientes de las costas europeas. En agosto de 1946, sin embargo, los
británicos comenzaron a internar a los que capturaban en unos campamentos en Chipre. Aproximadamente 50.000 personas estuvieron detenidas en esos campamentos, 28.000 de las cuales seguían presas cuando Israel declaró la independencia.12

MITO

«Mientras la población judía de Palestina crecía, la situación de los árabes palestinos empeoró».

REALIDAD

La población judía aumentó a 470.000 personas entre las dos guerras mundiales, en tanto la población no judía ascendió a 588.000.13 De hecho, la población árabe permanente aumentó en un 120 por ciento entre 1922 y 1947.14

Este rápido crecimiento fue un resultado de varios factores. Uno fue la inmigración proveniente de estados vecinos —constituyendo el 37 por ciento de la inmigración total al pre-estado de Israel— de árabes que querían aprovecharse del más alto nivel de vida que los judíos habían hecho posible.15

La población árabe también aumentó debido a las mejores condiciones de vida creadas por los judíos al desecar las ciénagas donde se originaba la malaria y traer mejores condiciones de salubridad y atención médica a la región. Así, por ejemplo, la mortalidad infantil musulmana descendió del 201 por mil en 1925 al 94 por mil en 1945, y la esperanza de vida subió de 37 años en 1926 a 49 en 1943.16

La población árabe aumentó en la mayoría de las ciudades donde grandes poblaciones judías habían creado nuevas oportunidades económicas. De 1922 a 1947, la población no judía aumentó en un 290 por ciento en Haifa, en 131 por ciento en Jerusalén y en un 158 por ciento en Jaffa. El crecimiento en los pueblos árabes fue más modesto: 42 por ciento en Nablus, 78 por ciento en Jenín y 37 por ciento en Belén.17

MITO

«Los judíos robaron tierra árabe».

REALIDAD

Pese al crecimiento de su población, los árabes siguieron afirmando que estaban siendo desplazados. La verdad es que, desde el comienzo de la primera guerra mundial, parte de la tierra de Palestina era propiedad de terratenientes que vivían fuera del país, en Cairo, Damasco y Beirut. Alrededor del 80 por ciento de los árabes palestinos eran campesinos cargados de deudas, seminómadas y beduinos.18

Los judíos en realidad se esforzaron por evitar la compra de tierras en áreas donde los árabes pudieran ser desplazados. Buscaron tierras que fueran en gran medida baldías, pantanosas, baratas y, lo más importante, sin ocupantes.

En 1920, el dirigente laborista sionista David Ben-Gurión expresó su preocupación sobre los felás árabes, a quienes él veía como «el activo más importante de la población nativa». Ben-Gurión dijo que «bajo ninguna circunstancia debemos tocar la tierra que pertenezca a los felás o que sea trabajada por ellos». Él abogaba por ayudar a liberarles de sus opresores. «Sólo si un felá deja su lugar de asentamiento», añadió Ben Gurión, «debemos ofrecerle comprar su tierra, a un precio adecuado».19

Fue sólo después de que los judíos habían comprado toda la tierra baldía disponible, que comenzaron a comprar tierras cultivadas. Muchos árabes estaban dispuestos a vender debido a la migración a los pueblos costeros y porque necesitaban el dinero para invertir en la industria de los cítricos.20

Cuando John Hope Simpson llegó a Palestina, en mayo de 1930, observó que: «ellos [los judíos] pagaban altos precios por la tierra, y además les pagaron a algunos de los ocupantes de esas tierras una considerable cantidad de dinero que no estaban legalmente obligados a pagar».21

En 1931, Lewis French llevó a cabo una encuesta de personas carentes de tierras y terminó por ofrecer nuevas parcelas a algunos árabes que habían sido «desposeídos». Algunos funcionarios británicos recibieron más de 3.000 solicitudes, de las cuales el 80 por ciento fueron anuladas por el asesor legal del gobierno porque los solicitantes no eran árabes sin tierras.

Esto deja sólo a unos 600 árabes sin tierras, 100 de los cuales aceptaron la oferta de tierras del gobierno.22

En abril de 1936, un nuevo brote de ataques árabes a los judíos fue instigado por un guerrillero sirio llamado Fawzi al-Qawukji, comandante del Ejército de Liberación Árabe. En noviembre, cuando los británicos enviaron finalmente una nueva comisión encabezada por lord Peel a investigar, 89 judíos habían resultado muertos, y más de 300, heridos.23

El informe de la Comisión Peel encontró que las quejas árabes sobre la adquisición de tierra por parte de los judíos eran infundadas. Señaló que «gran parte de la tierra que ahora tiene naranjales eran dunas de arena o pantanos y no estaban cultivadas cuando se compraron… por el tiempo en que se hicieron las primeras ventas hubo pocas pruebas de que los propietarios poseyeran los recursos o el adiestramiento necesario para desarrollar la tierra»24 Además, la Comisión encontró que la escasez «se debía menos a la cantidad de tierra adquirida por los judíos que al aumento de la población árabe». El informe llegó a la conclusión de que la presencia de los judíos en Palestina, junto con el trabajo de la Administración británica, había dado lugar a jornales más altos, un mejoramiento del nivel de vida y amplias oportunidades de empleo.25

En sus memorias, el rey Abdula de Transjordania escribió:

Ha resultado bastante claro para todos, tanto por el mapa trazado por la Comisión Simpson como por el otro compilado por la Comisión Peel, que los árabes son tan pródigos en vender su tierra como en llantos y lamentos inútiles (énfasis en el original).26

Incluso cuando la revuelta árabe alcanzó su máxima intensidad en 1938, el Alto Comisario británico para Palestina creía que los árabes dueños de tierras se quejaban de las ventas a los judíos para aumentar los precios de las tierras que deseaban vender. Muchos propietarios árabes habían sido tan aterrorizados por los rebeldes árabes que decidieron abandonar Palestina y venderles sus propiedades a los judíos.27

Los judíos pagaban precios exorbitantes a propietarios ricos por pequeñas parcelas de tierra árida. «En 1944, los judíos pagaban en Palestina entre $1.000 y $1.100 (dólares norteamericanos) por acre, fundamentalmente por tierras áridas o semi áridas; en el mismo año, una rica tierra negra en Iowa se vendía aproximadamente en $110 el acre».28

Para 1947, las posesiones judías en Palestina ascendían a unos 463.000 acres. Aproximadamente 45.000 fueron adquiridos del gobierno del Mandato británico; 30.000 se los compraron a varias iglesias y 387.500 se los compraron a árabes. Análisis de las compras de tierra desde 1880 hasta 1948 muestran que el 73 por ciento de las parcelas judías fueron compradas a grandes terratenientes, no a pobres labriegos (felás).29 Entre los que vendieron tierras se contaban los alcaldes de Gaza, Jerusalén y Jaffa.

As’ad el-Shuqeíri, un erudito religioso musulmán y padre del líder de la OLP Ahmed el-Shuqeiri, recibió dinero judío por su tierra. Hasta el rey Abdula les arrendó tierra a los judíos. De hecho, muchos líderes del movimiento nacionalista árabe, incluso algunos miembros del Supremo Consejo Musulmán, les vendieron tierra a los judíos.30

Mitchell G. Bard© Traducción al español: Vicente Echerri ISBN 0-971-2945-4-2

Notas:

11 George Lenczowski, American Presidents and the Middle East, (NC: Duke University Press, 1990), p. 23.
12 Cohen, o. cit., p. 174.
13 Dov Friedlander and Calvin Goldscheider, The Population of Israel, (NY: Columbia Press, 1979), p.30.
14 Avneri, o. cit. p.254
15 Curtis, o. cit. p. 38.
16 Avneri, o.cit. ,p. 264; Cohen p. 60.
17 Ibid, pp 254-55
18 Moshe Aumann, Land Ownership in Palestine, 1880-1948, (Jerusalén: Comité de la academia sobre el Oriente Medio, 1976), p.5.
19 Shabtai Teveth, Ben Gurion and the Palestinian Arabs: From Peace to War, (Londres: Oxford University Press, 1985), p. 32.
20 Porath, o. cit., pp. 80, 84.
21 Hope Simpson, o. cit.,, p. 51.
22 Avneri, o. cit., pp. 149-158; Cohen, o. cit., p. 37, basado en The Report on Agricultural Development and Land Settlement in Palestine, por Lewis French, (diciembre de 1931, Supplementary; Report, abril de 1932) y material aportado a la Comisión Real sobre Palestina.
23 Netanel Lorch, One Long War, (Jerusalén: Keter, 1976), p.27 Sachar, p.201.
24 Palestine Royal Comission Report (1937), p.242.
25 Ibíd. (1937), pp.241-242.
26 King Abdullah, My Memoirs Completed, (Londres, Longman Group, Ltd., 1978), pp. 88-89.
27 Porath, o. cit., (77), pp. 86-87.
28 Aunmann, o. cit., p. 13.
29 Abraham Granott, The Land System in Palestine, (London, Eyre and Spottiswoode, 1952). p. 278.
30 Avneri, o. cit., pp. 179-180, 224-225, 232-234; Porath, o. cit., (77), pp. 72-73.

Ir a la primera nota: https://israelatina.com/2014/07/13/mitos-y-realidades-mitchell-geoffrey-brad/

Continuará

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“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

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Juglarías, la poesía de los hombres y mujeres que abrazan el devenir vital con intensidad estableciendo ese vínculo maravilloso entre vida y literatura. Y pese a la presión del docto en la torre de su castillo, las juglarías se convierten enclerecias, y los hombres y mujeres que las escriben en sabios de sangre instruída con una analítica sanguínea desbordante de historias y experiencias. El texto Juglarías, un poeta en Israel, está escrito entre duelos y quebrantos, entre alegrías y entusiasmos y con una prosa poética natural y profunda. La lírica de Juan Zapato, su autor, es realista, a veces agnóstica en cuanto a lo ulterior; otras de poso infantil ante lo pretérito, en otros casos, como en sus relatos, de tono antropológico pero sin la ausencia de una mirada poética. Todo un testimonio vital fundamentado en el tiempo y el espacio de los años que han pasado desde el inicio de la vida del autor en Argentina a la madurez en Israel tras su aliá. Vida y literatura, elementos inseparables. Textos que nacen del devenir diario y que Juan Zapato ofrece al lector para humanizarse y humanizarnos. Esperanza, a veces casi agotada, la que el autor nos desvela ante el conflicto de su tierra, y saltos a la metáfora vital y a la ataraxia, para descansar de tanto nudo gordiano. Juglarías, un poeta en Israel es vida, un cuaderno de viaje al fin de al cabo. Es una muestra de cómo Juan Zapato hace literatura de su experiencia escogiendo segmentos de aquel momento y aquel lugar que, por un pequeño capricho del cosmos, destacaron sobre otros para ser contados en prosa o poesía. Jesús Sordo Medina (Revista Homo Homini Sacra Res)

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