ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Mitos y realidades” 2do. capítulo: El período del mandato británico (IV), Mitchell G. Bard

MITO

«Los británicos ayudaron a los palestinos a vivir pacíficamente con los judíos».

REALIDAD

En 1921, Hal Amín el-Husseini comenzó a organizar por primera vez a los fedayines («los que se sacrifican») para aterrorizar a los judíos. Haj Amín esperaba duplicar el éxito de Kemal Ataturk en Turquía expulsando a los judíos de Palestina, del mismo modo que Kemal había echado a los griegos invasores de su país.31 Los árabes radicales pudieron adquirir influencia porque la administración británica no estuvo dispuesta a llevar a cabo una acción eficaz contra ellos hasta que finalmente se rebelaron contra el gobierno británico.

El coronel Richard Meinertzhagen, ex jefe de la inteligencia militar británica en el Cairo, y más tarde principal funcionario político para Palestina y Siria, escribió en su diario que los oficiales británicos «se inclinan hacia la exclusión del sionismo en Palestina». De hecho, los británicos alentaron a los palestinos a atacar a los judíos. Según Meinertzhagen, el coronel Waters Taylor (asesor económico de la administración militar de Palestina del 1919 al 23) se reunió con Haj Amín unos pocos días antes de Pascua de Resurrección de 1920 y le dijo «que él tenía una gran oportunidad en Pascua de mostrarle al mundo…que el sionismo era impopular no sólo con la administración palestina, sino en Whitehall, y si perturbaciones de suficiente violencia ocurrían en Jerusalén en Pascua, tanto el general Bols [jefe de gobierno en Palestina de 1919 al 20] como el general Allenby [comandante de la Fuerza Egipcia , de 1917 al 19 y luego Alto
Comisionado de Egipto] propondrían el abandono del hogar judío. Waters-Taylors explicó que la libertad sólo podría lograrse mediante la violencia».32

Haj Amín aceptó el consejo del coronel e instigó una revuelta. Los británicos retiraron sus tropas y la policía judía de Jerusalén, dejando que la turba árabe atacara a los judíos y saqueara sus tiendas. Debido al abierto papel de Haj Amín en instigar el pogromo, los británicos decidieron arrestarlo. Haj Amín escapó, sin embargo, y fue sentenciado a 10 años de prisión en ausencia.

Un año después, algunos arabistas británicos convencieron al Alto Comisionado Herbert Samuel a perdonar a Haj Amín y a nombrarle muftí. En contraste, Vladimir Jabotinsky y varios de sus seguidores, que habían formado una organización de defensa judía durante la revuelta, fueron sentenciados a 15 años de prisión.33

Samuel se reunió con Haj Amín el 11 de abril de 1921, y éste le aseguró «que las influencias de su familia y las suyas serían dedicadas a la tranquilidad».

Tres semanas después, las revueltas en Jaffa y en otras partes dejaron un saldo de 43 judíos muertos.34

Haj Amín consolidó su poder y se apoderó de todos los fondos religiosos musulmanes de Palestina. Utilizó su autoridad para controlar las mezquitas, las escuelas y los tribunales. Ningún árabe podía alcanzar una posición influyente sin ser leal al muftí. Su poder era tan absoluto que «ningún musulmán en Palestina podía nacer o morir sin quedar obligado con Haj Amín».35

Los sicarios del muftí también garantizaban que él no tuviera ninguna oposición, matando sistemáticamente a los palestinos de clanes rivales que contemplaban la cooperación con los judíos.

Como portavoz de los árabes palestinos, Haj Amín no pidió que Gran Bretaña les concediera la independencia. Por el contrario, en una carta a Churchill en 1921, él exigía que Palestina fuese reunida con Siria y Transjordania.36

Los árabes descubrieron que crear disturbios era un instrumento político efectivo debido a la actitud y respuesta laxas de los británicos hacia la violencia contra los judíos.

En el manejo de cada revuelta, los británicos hicieron todo lo que pudieron para evitar que los judíos se protegieran, pero hicieron poco o nada para evitar que los árabes los atacaran. Luego de cada episodio, una comisión británica de investigación intentaría establecer la causa de la violencia. La conclusión era siempre la misma: los árabes temían ser desplazados por los judíos. Para detener la revuelta, las comisiones recomendarían que se pusieran restricciones a la inmigración judía.

En consecuencia, los árabes llegaron a comprender que siempre podrían detener la afluencia de judíos escenificando un motín.

Este ciclo comenzó luego de una serie de motines en mayo de 1921. Luego de no poder proteger a la comunidad judía de las turbas árabes, los británicos nombraron a la comisión Haycraft para investigar la causa de la violencia. Aunque el panel llegó a la conclusión de que los árabes habían sido los agresores, racionalizó la causa del ataque: «la causa fundamental de los disturbios fue un sentimiento, entre los árabes, de descontento con los judíos y de hostilidad hacia ellos, debido a causas políticas y económicas, y relacionadas con la inmigración judía, y con su concepto de la política
sionista…».37 Una consecuencia de la violencia fue la institución de una prohibición temporal a la inmigración judía.

El temor de los árabes a ser «desplazados» o «dominados» fue usado como una excusa para sus ataques inmisericordes contra pacíficos colonos judíos. Nótese también que estas revueltas no fueron inspiradas por un fervor nacionalista —los nacionalistas se habrían rebelado contra sus amos británicos— fueron motivadas por conflictos e incomprensiones raciales.

En 1929, los provocadores árabes tuvieron éxito en convencer a las masas de que los judíos tenían planes con el Monte del Templo (una táctica que se repetiría en numerosas ocasiones, la más reciente de las cuales fue en el 2000 luego de la visita de Ariel Sharón). Una observancia religiosa judía en el Muro Occidental [o Muro de los Lamentos], que forma parte del Monte del Templo, sirvió para dar lugar a un motín de árabes contra judíos, que se extendió más allá de Jerusalén a otros pueblos y aldeas, incluidas Safed y Hebrón.

De nuevo, el gobierno británico no hizo ningún esfuerzo por evitar la violencia y, después que comenzó, los británicos no hicieron nada para proteger a la población judía. Luego de seis días de pandemónium, los británicos finalmente trajeron tropas para sofocar el disturbio. Para esa fecha, virtualmente toda la población judía de Hebrón había huido o había sido muerta.

En total, 133 judíos fueron asesinados y 399 heridos en los pogromos.38

Luego de que los disturbios se acabaran, los británicos ordenaron una investigación, que resultó en el Informe Oficial de Passfield, que dijo que «la inmigración, la compra de tierras y las políticas de asentamiento de la Organización Sionista eran ya, o era probable que llegaran a ser, perjudiciales para los intereses árabes. Se sobreentiende que la obligación del Mandato para los no judíos significa que los recursos de Palestina deben
reservarse fundamentalmente para el crecimiento de la economía árabe…».39 Esto, por supuesto, significaba que era necesario poner restricciones no sólo a la inmigración judía sino a las compras de tierra.

Mitchell G. Bard© Traducción al español: Vicente Echerri ISBN 0-971-2945-4-2

Notas:

31 Jon Kimche, There Could Have Been Peace: The Untold Story of Why We Failed With Palestine, and Again With Israel, (England:Dial Press, 1973), p. 189.
32 Richard Meinertzhagen, Middle East Diary 1917-1956, (Londres, The Cresset Press, 1959), pp. 49, 82, 97.
33 Samuel Katz, Battleground-Fact and fantasy in Palestine (NY: Bantam Books, 1977), Howard Sachar, A History of Israel: From the Rise of Zionism to Our Time, (NY: Alfred A. Knopf, 1979), p. 97.
34 Paul Johnson, Modern Times: The World from the Twenties to the Nineties, (NY: Harper & Row, 1983), p. 438.
35 Larry Collins y Dominique Lapierre, O Jerusalem!, (NY: Simon and Schuster, 1972), p. 52.
36 Kimche, o. cit., p. 211.
37 Ben Halpern, The Idea of a Jewish State, (MA: Harvard University Press, 1969), p. 323.
38 Sachar, o. cit., p. 174.
39 Halpern, o. cit., p 201.

Ir a la primera nota: https://israelatina.com/2014/07/13/mitos-y-realidades-mitchell-geoffrey-brad/

Continuará

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“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

“Juglarías” …un poeta en Israel…

Juglarías, la poesía de los hombres y mujeres que abrazan el devenir vital con intensidad estableciendo ese vínculo maravilloso entre vida y literatura. Y pese a la presión del docto en la torre de su castillo, las juglarías se convierten enclerecias, y los hombres y mujeres que las escriben en sabios de sangre instruída con una analítica sanguínea desbordante de historias y experiencias. El texto Juglarías, un poeta en Israel, está escrito entre duelos y quebrantos, entre alegrías y entusiasmos y con una prosa poética natural y profunda. La lírica de Juan Zapato, su autor, es realista, a veces agnóstica en cuanto a lo ulterior; otras de poso infantil ante lo pretérito, en otros casos, como en sus relatos, de tono antropológico pero sin la ausencia de una mirada poética. Todo un testimonio vital fundamentado en el tiempo y el espacio de los años que han pasado desde el inicio de la vida del autor en Argentina a la madurez en Israel tras su aliá. Vida y literatura, elementos inseparables. Textos que nacen del devenir diario y que Juan Zapato ofrece al lector para humanizarse y humanizarnos. Esperanza, a veces casi agotada, la que el autor nos desvela ante el conflicto de su tierra, y saltos a la metáfora vital y a la ataraxia, para descansar de tanto nudo gordiano. Juglarías, un poeta en Israel es vida, un cuaderno de viaje al fin de al cabo. Es una muestra de cómo Juan Zapato hace literatura de su experiencia escogiendo segmentos de aquel momento y aquel lugar que, por un pequeño capricho del cosmos, destacaron sobre otros para ser contados en prosa o poesía. Jesús Sordo Medina (Revista Homo Homini Sacra Res)

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