ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“Reaparece el antisemitismo”, Shlomo Ben Ami

Shlomo Ben AmiLa última guerra de Israel en Gaza resonó en las capitales de Europa de una manera poderosa y destructiva. En Berlín, Londres, París, Roma y otras partes, Israel está siendo denunciado como un “Estado terrorista”. Manifestantes iracundos quemaron sinagogas en Francia y, en Alemania, hubo quienes llegaron a cantar: “¡Judíos a la cámara de gas!”. El entronque grotesco de la solidaridad legítima con Palestina y la diatriba antijudía parece haber dado lugar a una forma políticamente correcta de antisemitismo; algo que, 70 años después del Holocausto, está alimentando el espectro de la noche de los cristales rotos en las comunidades judías de Europa.

A los israelíes les cuesta entender por qué cinco millones de refugiados y 200.000 muertes en Siria tienen mucha menos gravitación en la conciencia occidental que los 2.000 palestinos asesinados en Gaza. No llegan a comprender por qué los manifestantes europeos pueden denunciar las guerras de Israel y calificarlas de “genocidio”, un término que nunca se aplicó a la hecatombe siria; el arrasamiento de Grozny por parte de Rusia; las 500.000 víctimas en Irak desde la invasión liderada por Estados Unidos en 2003; o los ataques aéreos estadounidenses en Afganistán y Pakistán.

A decir verdad, la respuesta es simple: definir los pecados de Israel en términos tomados del Holocausto es la manera justificada que encuentra Europa para deshacerse de su complejo judío. “El Holocausto”, como escribió Thomas Keneally en El arca de Schindler, “es un problema gentil, no un problema judío”. O, como bien bromeara el psiquiatra Zvi Rex, “los alemanes nunca perdonarán a los judíos por Auschwitz”.

No se puede negar que la agonía de Gaza es un desastre humanitario. Pero ni siquiera le pisa los talones a otras crisis humanitarias de las últimas décadas, incluidas las de la República Democrática del Congo (RDC), Sudán, Irak y Afganistán. De hecho, desde 1882, todo el conflicto árabe-judío-israelí ha generado apenas la mitad de la cantidad de víctimas que Siria arrojó en sólo tres años. Desde 1950, el conflicto árabe-israelí ocupa el puesto 49 en términos de víctimas.

La Franja debe buscar un acuerdo político y económico con Israel que reprima la tentación de la guerra

Esto no se condice con la denigración global de Israel que está sofocando las críticas legítimas. Cuando otros países flaquean, sus políticas son cuestionadas; cuando el comportamiento de Israel es polémico o problemático, se ataca su derecho a existir. Hay más resoluciones de las Naciones Unidas dedicadas a los abusos a los derechos humanos cometidos por Israel que a los abusos de todos los otros países juntos.

Las historias sobre Israel se centran casi exclusivamente en el conflicto palestino. Joyce Karam, el jefe de la oficina de Washington del periódico panárabe Al-Hayat, cree que esto se debe a que “un musulmán que mata a otro musulmán o un árabe que mata a otro árabe parece más aceptable que Israel mate a árabes”. Las víctimas sirias, libias y yemenitas no tienen rostro. A las víctimas de Gaza, muchísimas menos en comparación, se las idolatra y eso las torna únicas.

Esto no quiere decir que deba consolarse a Israel por la aritmética macabra del derramamiento de sangre. La hipocresía de algunos de los críticos de Israel de ninguna manera justifica su usurpación colonial de territorio palestino, lo que lo convierte en el último país “occidental” desarrollado que ocupa y maltrata a un pueblo no occidental. La mayoría de los conflictos de hoy —en Colombia, Somalia, la RDC, Sudán y ahora incluso Irak y Afganistán— son internos. Hasta una potencia importante como Rusia se enfrenta a sanciones en señal de castigo por negarse a poner fin a su ocupación de un territorio extranjero.

El enfrentamiento de Israel con Palestina representa un drama particularmente imperioso para Occidente. La historia de Israel se extiende mucho más allá del conflicto actual, para referirse a una simbiosis extraordinaria entre el legado judío y la civilización europea que culminó en calamidad. Desde su nacimiento, Israel ha soportado las cicatrices del peor crimen cometido alguna vez en suelo europeo. La penuria de los palestinos —las víctimas del triunfo del sionismo— toca otro punto neurálgico en la mentalidad europea.

De todas maneras, la tragedia palestino-israelí es única. Es una odisea que atrapa a dos naciones con reclamos mutuamente excluyentes de tierras sagradas y santuarios religiosos que son centrales en las vidas de millones de personas en todo el mundo.

También es una guerra de imágenes en conflicto, en las que ambas partes reivindican un monopolio de la justicia y del martirio. La persecución judía, y la manera en que el sionismo la utilizó, se ha convertido en un modelo para el nacionalismo palestino. Clichés como “exilio”, “diáspora”, “Holocausto”, “regreso” y “genocidio” hoy son un componente inextricable del etos nacional palestino.

Cabe destacar que el Holocausto no le da a Israel inmunidad ante las críticas, ni cada ataque a las políticas de Israel se puede desestimar como antisemita. El Israel del primer ministro Benjamín Netanyahu es percibido, y con razón, como un Estado de statu quo que aspira a tenerlo todo: un control continuo y colonización de los territorios palestinos, y una “calma por calma” de los palestinos.

Pero el control de Hamás dentro de Gaza es igualmente problemático. Para poner fin a su coqueteo fatal con el yihadismo y fomentar la estabilidad, Gaza debe buscar un acuerdo económico y político con Israel que reprima la tentación de la guerra. De la misma manera que la recuperación de las ciudades egipcias a lo largo del Canal de Suez, tras la guerra de Yom Kippur en 1973, allanó el camino para una paz entre Israel y Egipto, una Gaza próspera serviría a los intereses de todas las partes involucradas, empezando por Israel.

Shlomo Ben-Ami fue ministro de Relaciones Exteriores de Israel y hoy es vicepresidente del Toledo International Center for Peace.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/09/11/opinion/1410453612_600015.html

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“La Torre de Babel Ediciones”

“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

“Juglarías” …un poeta en Israel…

Juglarías, la poesía de los hombres y mujeres que abrazan el devenir vital con intensidad estableciendo ese vínculo maravilloso entre vida y literatura. Y pese a la presión del docto en la torre de su castillo, las juglarías se convierten enclerecias, y los hombres y mujeres que las escriben en sabios de sangre instruída con una analítica sanguínea desbordante de historias y experiencias. El texto Juglarías, un poeta en Israel, está escrito entre duelos y quebrantos, entre alegrías y entusiasmos y con una prosa poética natural y profunda. La lírica de Juan Zapato, su autor, es realista, a veces agnóstica en cuanto a lo ulterior; otras de poso infantil ante lo pretérito, en otros casos, como en sus relatos, de tono antropológico pero sin la ausencia de una mirada poética. Todo un testimonio vital fundamentado en el tiempo y el espacio de los años que han pasado desde el inicio de la vida del autor en Argentina a la madurez en Israel tras su aliá. Vida y literatura, elementos inseparables. Textos que nacen del devenir diario y que Juan Zapato ofrece al lector para humanizarse y humanizarnos. Esperanza, a veces casi agotada, la que el autor nos desvela ante el conflicto de su tierra, y saltos a la metáfora vital y a la ataraxia, para descansar de tanto nudo gordiano. Juglarías, un poeta en Israel es vida, un cuaderno de viaje al fin de al cabo. Es una muestra de cómo Juan Zapato hace literatura de su experiencia escogiendo segmentos de aquel momento y aquel lugar que, por un pequeño capricho del cosmos, destacaron sobre otros para ser contados en prosa o poesía. Jesús Sordo Medina (Revista Homo Homini Sacra Res)

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