ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

“De una era de millones de refugiados, solo quedan los palestinos”, Andrew Roberts

p20Las décadas de 1940 y 1950 vieron enormes movimientos forzados de grupos de población—personas que echaron raíces y comenzaron de nuevo.

El martes, mientras palestinos en la Margen Occidental y Gaza celebraban el asesinato en una sinagoga de Jerusalén de cinco israelíes, el Parlamento español resultó estar aprobando una moción no vinculante instando a su gobierno a “alentar el reconocimiento de Palestina como un estado”. El mes pasado, Suecia se convirtió en el primer miembro de la Unión Europea en reconocer oficialmente a Palestina como un estado, y los parlamentarios en Inglaterra y Francia tienen legislación similar en preparativos.

A medida que crece el sentimiento anti-Israel en Europa —y en los Estados Unidos, donde el movimiento “Boicot, Desinversión y Sanciones” se ha apoderado de muchos campus universitarios— abundan los llamados a una resolución inmediata al problema de los “refugiados” palestinos. Escuchando a algunos en el movimiento anti-Israel hoy día, uno podría imaginar que el éxodo palestino fue un acontecimiento único en la historia moderna, que ningún otro pueblo ha sido quitado alguna vez de lo que ellos consideraban ser sus tierras ancestrales.

La verdad es que tales movimientos —incluyendo el de los palestinos— sucedieron tan a menudo a mediados de la década de 1940 y principios de la decada de 1950 que es sorprendente que no sea utilizado el plural de la palabra éxodo —en referencia a este periodo.

Por todo tipo de razones, grupos étnicos fueron mudados o por la fuerza o voluntariamente durante ese periodo problemático, y generalmente en circunstancias mucho peores y para distancias mucho mas grandes que los palestinos. No hubo menos de 20 grupos diferentes —incluidos los sijs, musulmanes e hindúes del Punjab, los tártaros de Crimea, los japoneses y los kuriles coreanos y los isleños sajalin, los chechenios soviéticos, los ingush y los balkares— muchos en decenas o incluso cientos de miles, si no millones, que fueron desplazados y llevados a regiones diferentes.

Sin embargo, todos estos grupos de refugiados, excepto uno, eligieron tratar de hacer lo mejor de sus nuevos ambientes. La mayoría han tenido éxito, y algunos, tal como los refugiados que alcanzaron América en esa década, lo han hecho tan triunfalmente. La única excepción han sido los palestinos, quienes hicieron la elección de abrazar el irredentismo fanático y lanzar dos intifadas —y quizás ahora una tercera— resultando en las muertes de miles de palestinos e israelíes.

Después que Alemania perdió la Segunda Guerra Mundial en 1945, mas de tres millones de su gente fue obligada a abandonar sus casas en los Sudetes, Silesia y regiones orientales de los ríos Oder y Neisse —tierras que sus ancestros habían cultivado por siglos. Estos refugiados se embarcaron en un viaje de 300 millas hacia el Occidente bajo condiciones de extrema privación y peligro con solo lo que pudieron cargar en valijas.

No puede esperarse que uno simpatice mucho con personas que habían apoyado entusiastamente a Adolf Hitler, pero entre ellos había niños que no eran responsables por los pecados de sus padres. Habiendo alcanzado las nuevas fronteras de Alemania Oriental y Occidental, como fueron delineadas por los aliados victoriosos, ellos se establecieron y no hicieron reclamos irredentistas a Polonia y Checoslovaquia, los países que habían abandonado. Hoy esos niños refugiados una vez sin un centavo, incluyen a algunas de las personas mas exitosas en Alemania, un país que ayudaron a hacer una democracia próspera y modelo.

A través de la Unión Soviética a fines de la década de 1940, el mal paranoico de Joseph Stalin aseguro que pueblos enteros, a veces numerando los millones, fueran mudados de una parte de Europa Oriental y la URSS a la otra. Algunos, como los cosacos que habían luchado para Hitler, fueron masacrados al por mayor cuando cayeron en las manos de Stalin o sus esbirros satélites, tales como el Mariscal Josip Tito de Yugoslavia.

Millones de otras personas, como parte de esquemas comunistas no relacionados con la guerra, fueron “relocalizadas” en Siberia, la Crimea o Asia Central, a menudo a muchos cientos de millas de sus tierras ancestrales y bajo las condiciones más duras excepto el genocidio. En total, las migraciones internas forzadas de los tártaros, alemanes del Volga, ingush, balkares, karachay, mesjeta turcos y otros agrupamientos étnicos que numeraban unos seis millones llevaron a las muertes, según las propias cifras de los soviéticos, de hasta un millón y medio incluyendo el 46% de los tártaros crimeos. Sin embargo no hay movimientos irredentistas apreciables entre estos ex ciudadanos soviéticos hoy. Ellos hicieron lo mejor de una nueva realidad en vez de llevar a cabo una lucha por retornar de décadas y finalmente sin esperanzas.

De igual manera, los finales de la década de 1940 vieron transferencias masivas de población en los territorios del Punjab y Frontera Noroccidental de India cuando los ingleses llevaron a un cierre su imperio allí en 1947. Unos 16 millones de personas cruzaron entre los nuevos estados de Pakistán e India, llevando a las muertes de entre la mitad y tres cuartos de un millón de personas en las masacres comunitarias que siguieron.

Sin embargo aun cuando hay serias disputas fronterizas todavía entre India y Pakistán por Kashmir, prácticamente nadie de las comunidades musulmana, hindú y se esta agitando hoy por la restitución de las tierras que sus ancestros cultivaron o poseyeron en Punjab, la Frontera Noroccidental u otras partes. Hay desconfianza, pero los indios y pakistaníes modernos han pasado a otra cosa. Lo mismo ocurre en otras partes del mundo, tal como Burma y Sudáfrica, que también vieron agitación étnica a fines de la década de 1940.

Lamentablemente, ha sido la política cínica y egoísta de los estados árabes durante casi siete décadas mantener a los palestinos hirviendo en indignación. Nadie puede dudar que para los que han continuado viviendo en campamentos destinados para refugiados de hace mucho tiempo, la fundación del Estado de Israel en 1948, cuando miles de palestino partieron o fueron expulsados, fue de hecho una catástrofe. Pero muchos otros pueblos han aprendido a lidiar con cosas iguales o peores moviéndose hacia adelante y hacia arriba; llamarlos refugiados, muchas generaciones después de la agitación de sus antepasados seria impensable. Las lecciones de la historia raramente son enunciadas en forma mas clara.

Fuente: The Wall Street Journal- Andrew Roberts©. Nov. 21, 2014.Traducido por Marcela Lubczanski especialmente para el blog de OSA Filial Cordoba

http://www.wsj.com/articles/andrew-roberts-from-an-era-of-refugee-millions-only-palestinians-remain-1416613759?KEYWORDS=ANDREW+ROBERTS

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4 comentarios el ““De una era de millones de refugiados, solo quedan los palestinos”, Andrew Roberts

  1. Emilio Baby
    9 diciembre, 2014

    A los de Gaza no los quiere nadie. Cuando Anwar El Sadat recibio de vuelta la peninsula de Sinai, le ofrecieron hacer cargo tambien de la franja de Gaza. Dijo mas o menos algo asi: si tengo que hacerme cargo de eso, no me hago cargo de nada.

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  2. Emilio Baby
    9 diciembre, 2014

    Son mas asimilables los palestinos a los jordanos. Jordania tampoco los quiere.

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  3. Emilio Baby
    9 diciembre, 2014

    Si el rio deja de estar revuelto, se acaba la ganancia de los pescadores. Por rio lease Gaza, por pescadores lease Hamas, por la ganancia lo que obtienen proveniente de los ingenuos que les mandan plata. No tan ingenuos, en el fondo saben lo que quieren, bye Israel.

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  4. INFOCRIL
    9 diciembre, 2014

    Los ciudadanos de “Cisjordania” no judíos son jordanos, y los ciudadanos de Gaza son egipcios, el conflicto israelí – palestino se mantiene latente por ese detalle, dejar huérfanos a algunos de sus hermanos y convertir el conflicto macro en algo micro que convierta a Israel en un Estado apátrida.

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“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

“Juglarías” …un poeta en Israel…

Juglarías, la poesía de los hombres y mujeres que abrazan el devenir vital con intensidad estableciendo ese vínculo maravilloso entre vida y literatura. Y pese a la presión del docto en la torre de su castillo, las juglarías se convierten enclerecias, y los hombres y mujeres que las escriben en sabios de sangre instruída con una analítica sanguínea desbordante de historias y experiencias. El texto Juglarías, un poeta en Israel, está escrito entre duelos y quebrantos, entre alegrías y entusiasmos y con una prosa poética natural y profunda. La lírica de Juan Zapato, su autor, es realista, a veces agnóstica en cuanto a lo ulterior; otras de poso infantil ante lo pretérito, en otros casos, como en sus relatos, de tono antropológico pero sin la ausencia de una mirada poética. Todo un testimonio vital fundamentado en el tiempo y el espacio de los años que han pasado desde el inicio de la vida del autor en Argentina a la madurez en Israel tras su aliá. Vida y literatura, elementos inseparables. Textos que nacen del devenir diario y que Juan Zapato ofrece al lector para humanizarse y humanizarnos. Esperanza, a veces casi agotada, la que el autor nos desvela ante el conflicto de su tierra, y saltos a la metáfora vital y a la ataraxia, para descansar de tanto nudo gordiano. Juglarías, un poeta en Israel es vida, un cuaderno de viaje al fin de al cabo. Es una muestra de cómo Juan Zapato hace literatura de su experiencia escogiendo segmentos de aquel momento y aquel lugar que, por un pequeño capricho del cosmos, destacaron sobre otros para ser contados en prosa o poesía. Jesús Sordo Medina (Revista Homo Homini Sacra Res)

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