ISRAEL LATINA

Magazine virtual ISSN: 1565-7442, 2da. Etapa

Iom Kipur ¡Gmar hatimá tová!

En la noche de Iom Kipur la primera plegaria es Kol Nidre (todos los votos, todas las promesas).

La sinagoga está en silencio. Se habla sobre juramentos y promesas que no se cumplieron. No importa lo religiosos o seculares que sean los presentes; esa noche todos se paran y recitan esta sagrada plegaria.

Al pararnos frente a D’s en estos días sagrados, podemos decidir, dentro de nuestro corazón, cuidar las palabras y los actos.

Kol Nidre es una tefilá (oración) que trata de la anulación de las promesas hacia D’s, hechas por el ser humano pero no cumplidas. No se aplica respecto de las promesas hechas a otros seres humanos. Una persona no puede ser liberada de una obligación para con su prójimo salvo por el consentimiento de la persona afectada.

Para algunos el origen del Kol Nidre se remonta al período de los godos occidentales, donde comunidades enteras de judíos eran obligadas a bautizarse pero, cuando se reunían secretamente durante Iom Kipur, repetían este rezo para no caer en perjurio (era la España de los tiempos del Rey Recaredo I -586/601-). Otros dicen que la oración fue instituida en Babilonia, en la época de los Gueonim (el período de los sabios Gueonim en Babilonia se extiende desde el año 589 al 1038), y una tercera opinión afirma que tiene raíz talmúdica y se practicó en la Edad Media, entre el 600 y el 1100.

Lo que merece destacarse es que ninguna otra melodía tradicional judía ha atraído a tantos compositores, en los últimos siglos, como el Kol Nidre.

Con la llegada de Iom Kipur, en las reuniones clandestinas para ofrendar las plegarias a D’s, el mayor de los asistentes se levantaba para declarar que todos los juramentos y promesas que habían hecho eran nulos y vanos, porque los habían formulado bajo coacción. Así la fórmula fue introducida al oficio. Y es probable que en esas circunstancias los acordes de Kol Nidrei hubieran sido compuestos.

Son innumerables los arreglos para voz, piano, órgano, violín pero el más conocido es el de Max Bruch (opus 47 Adagio en melodías hebreas para violoncelo y orquesta) compuesto en 1881. Bruch era alemán y protestante. Conoció la melodía por su maestro Ferdinand Hiller que lo presentó a la familia Liechtenstein en Berlín. Dijo que, a pesar de ser protestante, se sintió cautivado por su belleza y se sentía orgulloso del arreglo que había hecho.

El Kol Nidre genera una atmósfera especial, produce una emoción muy fuerte, creando una fuerza espiritual que evoca la trascendencia del día que comienza, el Día del Perdón.

Algunos textos le llaman “la oración más sagrada del judaísmo”, aunque más que una oración es una declaración jurídica, que declara nulos todos los juramentos ante D’s, los realizados y ¡los por realizar! desde este Iom Kipur hasta el próximo Iom Kipur, ha ido cambiando un poco con el tiempo, siendo la fórmula actual atribuida al Rabi Meir ben Samuel, del siglo XI, que incluyó el término a futuro.

“Todos los votos, obligaciones, juramentos y anatemas, …que nos obligan desde este Iom Kipur hasta el siguiente quedan anulados. Quiera D’s redimir, absolver, perdonar, anular e invalidar y dejar sin efecto esos votos, que no nos obliguen ni tengan poder sobre nosotros, los votos no serán eficaces ni obligatorios, ni las promesas o juramentos.”

Luego de terminar el recitado del Kol Nidre, se lee el Libro de Números, capítulo 15 versículo26:

Números 15:26 Así será perdonada toda la comunidad de los hijos de Israel, y también el extranjero que resida en medio de ellos, porque esto le sucedió a todo el pueblo inadvertidamente.

Recorriendo el Majzor*, un rezo repetido, desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur, es el Vidui: Confesión en voz audible, uno de los elementos de la Teshuvá (arrepentimiento y retorno), tal como lo expresa el versículo “Y confesarán sus pecados” (Libro de Números 5:7-17) y el libro de Proverbios 28:13 “El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y abandona, obtendrá misericordia”.

La confesión ayuda al que se arrepiente con el corazón y decide no volver a incurrir en el pecado. Cuando el ser humano habla de algo, toca más profundamente sus sentimientos que cuando sólo piensa en ello.

Por medio del vidui, el reconocimiento del error cometido será más claro, el sentimiento más profundo y la Teshuvá, el retorno a D’s, más firme.

El vidui enumera una lista muy amplia de pecados posibles y lo deben recitar todos, de pie y en voz alta. Todos dicen todo. Esto permite, al que es consciente de sus errores, decirlo en voz audible, sin avergonzarse y, quien no es consciente, puede darse cuenta que pudo mentir, engañar o cometer cualquiera de las faltas mencionadas en la lista. Los seres humanos cometemos errores y el entorno comunitario permite confesarlos, pedir perdón, y sentirnos acompañados. El vidui es sólo una parte del proceso de la teshuvá. Los tres requerimientos para completar el proceso son: resolver no volver a cometer ese pecado, arrepentirse por haberlo cometido y confesarse por él delante de D’s (y no de otra persona).

En Iom Kipur, se debiera vestir con ropas claras simbolizando la búsqueda de pureza, no usar zapatos de cuero, ni nada que demuestre ostentación de riqueza, porque es un día para profundizar la humildad, para trabajar el verdadero valor del regalo de D’s: la vida. Los hombres usan el Talit Gadol, amplio, para que cubra tanto ropas caras como ropas pobres, y se vean todos iguales. Se pide perdón desde abajo, desde la humildad del ser interior, desde las profundidades del alma.

*Conjunto de libros litúrgicos que contienen el conjunto de oraciones de las altas fiestas (Iamim Noraim, Rosh Hashaná, Iom Kipur, Pésaj, Shavuot y Sucot).

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“La Torre de Babel Ediciones”

“La Torre de Babel Ediciones”, es un proyecto editorial independiente, que propone la divulgación de autores isarelíes contemporáneos que escriben en español. Relatos, poemas y entrevistas. Novela histórica basada en hechos reales. Poesía erótica. Diferentes géneros para mirar esta sociedad.

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“El último día”, Mina Weil

Monfalcone, en el noroeste de Italia, 1938.Una familia judía feliz. Una muchacha y las tiernas confusiones de la adolescencia. De repente, el aire se enrarece, los bordes de la realidad se resquebrajan; una ley anula los derechos de los judíos y los declara subhumanos. Antiguos fantasmas de muerte y dolor regresan desde relatos que parecían sólo eso, viejas historias. El exilio apresurado se vuelve la única alternativa. Hay, entonces, que abandonarlo todo, demoler, deshacer lo que era, tan naturalmente, la vida. Hay que hacerse adulto antes de haber dejado de ser niño. Habrá un último día en a escuela y en la casa, habrá un puerto y un barco, habrá la vaga imagen de una Argentina de la que sólo se conoce el sabor de ciertos caramelos de nombre divertido. En las maletas apenas cabe lo imprescindible – y también los símbolos lo son: la valijita de cartón de un fugitivo de otra guerra, los candelabros de Shabat envueltos en los decretos antijudíos. Desde la cubierta del barco, reiterando sin saberlo la antigua mirada del desterrado, Anna aprende definitivamente que la vieja Historia es parte de su propia biografía. “El último día” es un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros. No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió. Florinda Friedman Goldberg. (Docente e investigadora de Literatura Latinoamericana Universidad Hebrea de Jerusalén y Universidad de Tel Aviv)

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